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La Reina del Cabello – LUN

Paula Roepke padece de alopecia, enfermedad que la llevó al singular negocio

La reina del cabello: “Con las pelucas me ducho y hasta me tiro piqueros”

Mauricio Ruiz M.

Suena raro, pero a Paula Roepke no le parece nada de extraño que la llamen para comprarle un kilo de pelo humano. Ella con la mejor sonrisa pregunta al cliente: “¿Qué color anda buscando’”. Las opciones son infinitas. Se puede elegir entre un negro intenso, castaño claro y oscuro, rubio, pelirrojo y hasta una frondosa chasca con canas.

Unos 350 mil pesos cuesta conseguir un kilo de cabello humano importado desde Estados Unidos, Europa y China, un producto que cada vez más demandan los estilistas para hacer las famosas extensiones. Del mismo insumo salen pelucas para las personas que se resisten a asumir su calvicie, especialmente las mujeres.

Paula Roepke, de 34 años, sufre una alopecia areata universal desde los 7 años: no sólo es calva, también se le cayeron los pelos de las cejas y las pestañas. Dice que en la calle la miraban “con cara de pobrecita, porque creían que tenía leucemia”, pero no aguantó más y se decidió a usar pelucas. Se vio más atractiva y fue el puntapié inicial de su negocio. “Te sube la autoestima”, cuenta.

-Ni se nota que usas peluca.

-Oooh, qué lindo, es el mejor piropo que me pueden decir.

Tras trabajar ocho años como relacionadora pública de una viña, se dio cuenta que las pelucas que traía desde Estados Unidos y Europa para uso personal podían tener un éxito comercial.

Le achuntó medio a medio: “Hoy tengo clientes, especialmente mujeres, que se van felices con sus pelucas porque no parecen una prótesis y porque también les sirve de terapia”.

-¿Terapia?

-Una buena parte de las mujeres que vienen a buscar pelucas son personas que están en quimioterapia, que están pasando por un período muy difícil y esto de colocarse pelo les sirve mucho.

Entre 150 mil y 500 mil pesos puede costar una peluca, dependiendo de la extensión y del material que se usa para adherirla al casco. “Son de muy buena calidad. Con las pelucas me ducho y hasta me tiro piqueros”, cuenta.

-¿Duermes con ella?

-Lo primero que preguntan los clientes es eso. Se puede dormir con la peluca. Sí, se puede, pero recomiendo que no porque se estropea más rápido.

Luego de las pelucas trajo el pelo humano virgen: “Se dice que es virgen porque no tiene ninguna otra sustancia, es sólo cabello natural. Lo usan los peluqueros para hacer extensiones y las personas que se dedican a fabricar pelucas”.

Roepke se prueba una y otra peluca. Posa delante de la cámara con toda soltura. Sin quitarle los ojos al lente comenta que se siente “la reina del cabello”, y que lo puede decir con autoridad por su condición de calva: “He usado cientos de pelucas, han pasado millones de pelos por mi cabeza y sé lo que siente una peladita. Esa es mi mejor carta de presentación”.

La joven vende sus pelos y pelucas en clínicas y peluquerías y recibe pedidos al 09-4344644 ó a pelucaspaula@yahoo.com.

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